Amor en la Adolescencia  

Manuel Fuentes Wendling

Si mis padres no me dan autorización para relacionarme sentimentalmente con alguien, ¿qué debo hacer?

 

   Aunque la forma de pensar de los padres actuales respecto a la relación de pareja en la adolescencia ha evolucionado bastante, todavía hay un porcentaje muy elevado de ellos que no aceptan que sus hijos o hijas inicien o mantengan una relación de esta naturaleza.

   Como lo he expresado en otra respuesta, es en el caso de las hijas donde surgen mayores problemas. Por eso intentaré una respuesta basada en realidades específicas y actuales.

   Si tus padres no te dan permiso para relacionarte sentimentalmente con alguien debe haber una explicación tras esa negativa, que es muy probable que te la manifiesten expresamente como también es posible que no lo hagan.

   Si tú eres una adolescente, primará en tus padres el sentido de la protección, o sea, el íntimo deseo que no te ocurra nada. No olvides que estás en la pubertad y, en consecuencia, no es del todo descartable una situación de embarazo sea por seducción, por tu propia voluntad o por abuso. Este es el caso extremo. Pero bien pueden estar protegiéndote de un accidente o evitando lo que, en opinión de tus padres, se considera una "mala compañía" o "un mal ejemplo".

   Pueden haber otras muchas explicaciones de la negativa dada por tus padres. Sin embargo, antes de reaccionar contra ellos o convertir la negativa en un drama, trata de pensar un poco, lo que no suele ser fácil cuando se está en tu posición.

   Si tú estás decidida o decidido a relacionarte sentimentalmente con alguien ni todas las negativas te harán desistir de tu idea. Eso constituye un hecho que sólo un ciego no puede ver. Así, entonces, si te han negado el permiso debes asumir la responsabilidad de relacionarte sin permiso. Eso, automáticamente, te obliga a velar por ti, cuidarte en tu relación de pareja, evitar que declinen tus notas si estás estudiando o tus actividades si trabajas, y dosificar o regular tus encuentros.

   Es indudable que corres el riesgo que te descubran. Es el precio que debes estar dispuesto o dispuesta a pagar por tu relación, asumiendo, además, las consecuencias que puede traer el hecho de que hayas contravenido el mandato paterno: castigo, reprimenda, desconfianza proyectada para otras cosas que haces y para las cuales tengas que pedir permiso, y vigilancia constante de tus actos con aceptación o negativa para que tengas amigos o amigas y puedan o no puedan ir a tu casa o puedas o no puedas salir o reunirte con ellos.

   Como en todas las cosas de la vida - y la relación de pareja es una de ellas - cabe la posibilidad remota de que habiéndote negado el permiso para relacionarte sentimentalmente con alguien, tus padres acepten escucharte. Si no lo hacen de inmediato, debes buscar el momento para reiterar tu petición e insistir tantas veces como sea posible. Este recurso o este camino, aunque sea más lento o largo, es el que te puede proporcionar más satisfacciones. Si tanto deseas relacionarte sentimentalmente con la persona elegida por ti - o ya lo estás haciendo - bien vale esperar el tiempo necesario para lograr, finalmente, una autorización compartida por tus padres o semicompartida con uno de ellos.

   Si logras que tus padres o uno de ellos te escuche ya habrás ganado puntos a tu favor y dependerá de la forma y tono en que expreses tus sentimientos y de tus argumentos para que obtengas la unanimidad de ellos. No se trata de hacer un discurso ni exponer tu situación en forma melodramática. Simplemente tienes que decir lo que piensas, en forma respetuosa y clara. Debes evitar poner ejemplos de otras amigas o amigos a quienes sus padres dieron permiso para relacionarse sentimentalmente. Las comparaciones son siempre malas como argumentos y a veces débiles. Simplemente expone tu caso y apela tanto a la razón como a los sentimientos de tus padres. Después de todo relacionarte sentimentalmente con alguien no constituye una falta, sino un paso natural en la vida. Es lo que a lo mejor tus padres no comprenden y debe ser tarea tuya convencerlos de que es así.

   Una cosa debes hacer antes de pedir que te escuchen: evaluar realmente si alguna vez, o reiteradas veces, has cometido engaño con tus padres y si ello puede ser motivo para que no confíen en ti.

Por último, si a pesar de todos los recursos empleados, persiste la negativa de tus padres, lisa y llanamente relaciónate y asume las consecuencias si las hubiese.

   No será el tuyo ni el primer ni el último caso de una o un adolescente que se relaciona y busca una pareja sin permiso.

   Tampoco será el primer ni el último caso de padres que habiendo negado tal autorización, están muy conscientes que sus hijos o hijas están relacionándose sentimentalmente.

Y menos será el único caso de padres que creen realmente que sus hijos o hijas no se relacionan en circunstancias que hace largo rato que lo están haciendo.

   Y estas palabras van para aquellos padres que puedan leer este texto:

  - Ninguna fuerza humana puede evitar que sus hijos o hijas tengan relaciones de pareja adolescente si están dispuestos o dispuestas a hacerlo.

   - Es una realidad que es necesario abordar y aceptar. Por tal motivo es mil veces preferible saber que sus hijos o hijas están relacionándose y con quién a tener la incertidumbre de si lo están haciendo o no.

   - De hecho, la autorización implica por sí misma un grado importante de control, al margen de significar la entrega de confianza.

   - No olviden nunca las experiencias de su propia pubertad. Pero no reflejen jamás en sus hijos las malas experiencias sino que las buenas, transformándolas todas en orientaciones y consejos a sus hijos que los hagan sentir con respaldo y seguridad. Esa es la base para comenzar una buena comunicación o consolidar la que ya existe.

   - Tampoco olviden los padres que sus hijas o hijos mañana serán también padres o madres y que depende de ustedes, en un porcentaje muy elevado, si sabrán cumplir bien esos papeles.

   - Resulta casi absurdo que cuando en este momento de la historia del mundo podemos comunicarnos en segundos con otro continente o un lejano país - como lo estamos haciendo en este mismo instante -, todavía tengamos inmensos obstáculos para comunicarnos con nuestros hijos que están a nuestro lado.

  - También resulta paradójico que cuando hoy el mundo hace esfuerzos por la conciliación y la armonía a fin de lograr una convivencia mejor en este milenio, nosotros no hagamos un mínimo esfuerzo por tratar de comprender a nuestros hijos o hijas que a falta de lo que nosotros podemos decirles, buscan modelos en otras personas.

   Con respeto les pido a la distancia a los padres que, por favor, mediten en estas palabras.

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